Las dotes del gusto no son tan ricas como las del oído, porque
mientras el último puede percibir y comparar varios sonidos a la vez, el
gusto, a la inversa, en su actividad es simple, no pudiendo caberle
impresión de dos sabores a un mismo tiempo.
Pero puede resultar duplicado y aun multiplicado sucesivamente, esto
es: tiene la facultad de percibir en una misma función guturo-palatina,
sucesivamente una segunda y hasta una tercera sensación que, por
grados, son más débiles, y las cuales se designan con las palabras dejo,
saborcillo o fragancia. De manera análoga, al darse un sonido principal,
el oído ejercitado distingue una o más series de consonancias cuyo
número todavía no se conoce perfectamente.
Las personas que comen de prisa y distraídamente, no perciben las
impresiones del segundo grado, correspondientes nada más que a un
corto número de elegidos, los cuales, utilizándolas, pueden clasificar y
ordenar, según el mérito que tengan las diversas substancias sometidas
a su examen.
Los matices fugaces de los manjares permanecen ocasionando
vibraciones en el órgano del gusto durante largos intervalos y, mientras
tanto, los maestros inteligentes, sin sospecharlo, conservan una postura
adecuada a las circunstancias, presentando al pronunciar sus fallos,
cuello estirado con las narices a babor.
(Del libro LA FISIOLOGÍA DEL GUSTO de B.Savarin)



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