
La carne del puchero es alimento sano, que con prontitud
apacigua el hambre y se digiere fácilmente; pero tomada sola no
restaura mucho, porque tal carne, por ebullición, ha perdido parte de
sus jugos animalizables.
Es regla general de administración, considerar la vaca cocida como la
mitad de su peso primitivo.
Se subdividen en cuatro categorías a las personas que comen carne
del puchero:
1.a Los rutinarios, que comen porque sus padres la comían y que
siguiendo esta práctica con obediencia implícita, esperan también que
sus hijos los imiten.
2.a Los impacientes, que aborreciendo en la mesa todo lo que sea
inactividad, han contraído la costumbre de abalanzarse sobre la primera
materia que se les pone por delante (materiam subjectam).
3.a Los descuidados, que sin haber recibido del cielo el fuego sacro,
miran las comidas como tiempo de trabajo obligatorio, colocan a igual
nivel todo cuanto alimenta y permanecen en la mesa como ostras sobre
roca.
4.a Los tragones, que estando dotados con inmenso apetito, cuya
extensión procuran tener oculta, se apresuran a echar al estómago la
primera víctima para amortiguar el fuego gástrico que las devora, a fin
de que sirva de base a las distintas remesas que con el mismo destino
intentan poner en camino.
Los maestros jamás comen carne del puchero, por respeto a los
principios y porque han pronunciado desde la cátedra esta verdad
incontestable: La carne del puchero es carne sin jugos naturales.
(Del libro de B.Savarin LA FISIOLOGÍA DEL GUSTO)


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